El picudo del algodonero (Anthonomus grandis boheman) es considerado la plaga más dañina del cultivo del algodón y una de las más destructivas de la agricultura a nivel mundial. El enorme potencial de destrucción se debe a la alta capacidad reproductiva y a las numerosas generaciones que se producen en un ciclo agrícola. Las cuantiosas pérdidas inciden sobre la producción destruyendo principalmente, botones florales, con lo que impide la floración y fructificación, obteniendo baja en el rendimiento y grandes pérdidas económicas.
La presencia del A. grandis en la Argentina, ha sido declarada como tal en nuestro país en 1993.
Bajo condiciones adecuadas de temperatura y humedad y en presencia de plantas de algodón, el ciclo del picudo se desarrolla entre un mínimo de 15 días y un máximo de 25 días. Las hembras luego de ser fertilizadas por el macho, realizan un orificio en los pimpollos en el fondo del cual colocan un solo huevo, que luego tapan con una secreción gelatinosa que al contacto con el aire se solidifica para evitar la desecación y la entrada de patógenos que podrían atacarlos, lo que facilita su diferenciación de los orificios de
alimentación que permanecen abiertos. Los huevos son muy difíciles de identificar en el interior del pimpollo, debido a su aspecto y coloración semejante a las anteras de los estambres.
El adulto es un pequeño insecto que mide entre 4 y 8 mm y cuya característica principal es la presencia de un pico algo curvo de coloración oscura, en cuya extremidad presenta las mandíbulas con las cuales realiza los orificios en los pimpollos, flores y cápsulas. Pero la característica distintiva del picudo lo representa la presencia de dos espuelas (una grande y otra chica) en la porción más engrosada de las patas delanteras (fémures) cuya identificación permite diferenciarlo de otros picudos.
Para combatirlo es necesaria la identificación correcta de la plaga, especialmente en el campo. Esta tiene una importancia fundamental en el diagnóstico del problema con vistas a la adopción de estrategias de manejo y tácticas de control. La primera recomendación es que el productor realice un estricto control de la evolución del picudo con un técnico. Es fundamental la consulta al técnico, ya que las recomendaciones para cada caso particular pueden diferir de un lote a otro.
