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Burrito de la vid: una plaga silenciosa 

El burrito de la vid (Naupactus xanthographus) es un curculiónido originario del sur de América, con presencia en Brasil, Argentina, Paraguay, entre otros. Pese a que su nombre tiende a ser asociado con la vid, es una especie muy polífaga, lo que significa que es una amenaza para la agricultura en general. 

La presencia de larvas en el suelo es constante durante todo el año, variando el estado de desarrollo según la profundidad del suelo. Es posible encontrar una mayor población de larvas de primer estado en los primeros centímetros de suelo, los que se movilizan rápidamente en búsqueda de alimento. Aunque, se han registrado reportes de su presencia hasta en dos metros de profundidad del suelo. 

La detección del burrito de la vid es difícil porque no siempre hay señales claras de su presencia. Además, la sintomatología que presentan las plantas (crecimiento deficiente o menor vigor al esperado, pérdida de calidad en la fruta, producciones decrecientes, etc.), no necesariamente se asocian únicamente con esta plaga. Con frecuencia, cuando se monitorea la presencia de este insecto, se inspecciona la parte superior de la planta en busca de adultos o de su daño por alimentación en la hoja. Sin embargo, la detección de adultos en el follaje es difícil, ya que, esta especie evita la luz y prefiere estar en la parte interna y sombría de las plantas.  

A raíz de una serie de investigaciones utilizando alternativas convencionales e innovadoras en el mercado de la vid y con el fin de establecer y comparar el porcentaje de control de larvas y adultos de esta especie, se detectaron los siguientes resultados:  

Para combatir a estos insectos se puede utilizar “Bovel” de agrofort, un insecticida biológico compuesto por Beauveria bassiana que proviene de un hongo entomopatógeno.   

A la hora de aplicarlo se debe diluir 1 litro en 100L de agua, agitar el compuesto antes de utilizar y hacerlo al final día tarde o en las primeras horas de la mañana. Se coloca a la altura de las ramas y hojas, y se debe repetir las aplicaciones cada 7 a 10 días.

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Picudo del algodón: Un desafío constante, una plaga constante

El picudo del algodonero (Anthonomus grandis boheman) es considerado la plaga más dañina del cultivo del algodón y una de las más destructivas de la agricultura a nivel mundial. El enorme potencial de destrucción se debe a la alta capacidad reproductiva y a las numerosas generaciones que se producen en un ciclo agrícola. Las cuantiosas pérdidas inciden sobre la producción destruyendo principalmente, botones florales, con lo que impide la floración y fructificación, obteniendo baja en el rendimiento y grandes pérdidas económicas.
La presencia del A. grandis en la Argentina, ha sido declarada como tal en nuestro país en 1993.
Bajo condiciones adecuadas de temperatura y humedad y en presencia de plantas de algodón, el ciclo del picudo se desarrolla entre un mínimo de 15 días y un máximo de 25 días. Las hembras luego de ser fertilizadas por el macho, realizan un orificio en los pimpollos en el fondo del cual colocan un solo huevo, que luego tapan con una secreción gelatinosa que al contacto con el aire se solidifica para evitar la desecación y la entrada de patógenos que podrían atacarlos, lo que facilita su diferenciación de los orificios de
alimentación que permanecen abiertos. Los huevos son muy difíciles de identificar en el interior del pimpollo, debido a su aspecto y coloración semejante a las anteras de los estambres.
El adulto es un pequeño insecto que mide entre 4 y 8 mm y cuya característica principal es la presencia de un pico algo curvo de coloración oscura, en cuya extremidad presenta las mandíbulas con las cuales realiza los orificios en los pimpollos, flores y cápsulas. Pero la característica distintiva del picudo lo representa la presencia de dos espuelas (una grande y otra chica) en la porción más engrosada de las patas delanteras (fémures) cuya identificación permite diferenciarlo de otros picudos.
Para combatirlo es necesaria la identificación correcta de la plaga, especialmente en el campo. Esta tiene una importancia fundamental en el diagnóstico del problema con vistas a la adopción de estrategias de manejo y tácticas de control. La primera recomendación es que el productor realice un estricto control de la evolución del picudo con un técnico. Es fundamental la consulta al técnico, ya que las recomendaciones para cada caso particular pueden diferir de un lote a otro.

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